sábado, 11 de noviembre de 2017

La extrema temporada de huracanes de 2017, ¿se debió al cambio climático?

El verano y el otoño de 2017 han visto una inusual sucesión de huracanes, de intensidad sin precedentes, en la costa del Golfo de México, la costa este de Estados Unidos, Puerto Rico y el Caribe. El huracán Harvey causó unas inundaciones increíbles en Houston. Irma, uno de los dos huracanes más intensos jamás registrados en el Atlántico Norte, sembró la devastación en Florida y en muchas islas del Caribe. María arrasó Puerto Rico y las islas Vírgenes. Tanta destrucción hace preguntarse si el cambio climático no habrá influido en acontecimientos tan extremos. Puede resultar difícil descifrar los huracanes, pero los expertos van teniendo más claro cuáles serán las consecuencias que un mundo más cálido tendrá en las tormentas gigantes que azotarán a unas y otras partes del mundo.

Intensidad de las tormentas

Muchos expertos están seguros de que un mundo más cálido creará tormentas más fuertes; más aún: de que ya está haciéndolo. Desde 1981, la velocidad máxima del viento de los huracanes más potentes ha aumentado, según las investigaciones de Jim Elsner, climatólogo de la Universidad del Estado de Florida. La razón de ello está en que unos mares más claientes proporcionan más energía a las tormentas y las hacen así más intensas. El huracán Patricia, de 2015, estableció un récord de velocidad máxima del viento en el Atlántico Norte: 346 kilómetros por hora. Al año siguiente, Winston pulverizaba los récords como ciclón más intenso del hemisferio austral.
La dinámica entre las tormentas y el calentamiento de los mares se produce en parte por el papel que los huracanes desempeñan en nuestro sistema climático. Reequilibran el calor de la Tierra: las tormentas retiran calor de los mares tropicales en forma de humedad atmosférica y bombean el calor hacia la atmósfera, donde se redistribuye y se radia hacia el espacio. «En cierto sentido, los huracanes son una válvula de escape», explica Kevin Trenberth, científico de la Sección de Análisis Climático del Centro Nacional para la Investigación Atmosférica de Estados Unidos. «Desde el punto de vista climático, se necesita que haya algunos huracanes para que enfríen el océano, para mantenerlo a una temperatura razonable. Ningún otro fenómeno puede desempeñar ese papel».

Frecuencia

Se sabe peor cómo afectará el cambio climático a la frecuencia de los huracanes. Algunos expertos predicen una posible disminución de los números totales. En lo que se refiere a reequilibrar el calor de la Tierra, dice Trenberth, «un gran huracán puede desempeñar el papel de cuatro más pequeños». Tom Knutson, climatólogo del Laboratorio de Dinámica Geofísica de Fluidos, de la Administración Nacional Océanica y Atmosférica de Estados Unidos, dice que casi todos los modelos predicen ese efecto: muestran  una disminución del número total de huracanes en un clima más cálido. Elsner señala, sin embargo, que «hay todavía mucha incertidumbre sobre este punto».
Tanto Trenberth como Knutson creen que el número de tormentas muy intensas podría en realidad subir. Algunos estudios arrojan que, globalmente, «vamos a terminar con más tormentas en el extremo superior, las categorías 4 y 5», dice Trenberth. Esa tendencia se podría experimentar en particular en el Atlántico Norte. Elsner es más dubitativo: dice que la frecuencia de los huracanes más fuertes está controlada también por la presencia de circunstancias ideales: que no haya cizalladura de los vientos a gran altura en la altmósfera que disgregue las tormentas desde arriba, que no haya tierra en su camino que los rompa desde abajo y que no haya un aire seco que absorba parte de su humedad. «Se desconoce cómo cambiarán estas condiciones, o siquiera si cambiarán», afirma.

Tamaño y duración

Los científicos no están seguros todavía de la influencia que el cambio climático tendrá en la amplitud espacial y la duración de los huracanes. Los modelos de Knutson y su equipo arrojan que el número de días de tormentas de categoría 4 y 5 podría incrementarse ligeramente para finales del siglo XXI. Trenberth piensa que unas temperaturas más altas del océano significan que quizá las tormentas serán mayores tanto en su tamaño espacial como en su duración. Observa, sin embargo, que esas características dependen de cómo se definan los detalles de una tormenta: en lo que toca a su extensión sobre el océano, ¿dónde se trazan las fronteras? La «duración», ¿se refiere al tiempo durante el cual es un huracán de categorías 4 o 5, o a su existencia como tormenta tropical en general?

Subida del nivel del mar

 Los científicos coinciden en que el cambio climático implica que las subidas del nivel del mar en las costas durante las tormentas van a ser mayores. Sería así incluso aunque los huracanes no se intensificasen. «Una vez que se tiene un nivel del mar base mayor», explica Knutson, «se sumará al ascenso del nivel del agua debido a la tormenta». Si el nivel ordinario del mar es medio metro más alto, por ejemplo, el aumento en una tormenta será medio metro mayor de lo que habría sido si no.

Precipitaciones

Los  expertos esperan también que el cambio climático pueda incrementar la intensidad de las precipitaciones durante un huracán. Las profundas inundaciones, sin precedentes, de la zona de Houston testifican sin duda a favor de esa idea. Un aire más cálido contiene más vapor de agua. En el caso de los huracanes, «podría conducir a una mayor eficiencia: el ritmo al que la lluvia cae de las nubes crece», dice Elsner. «Lo estamos viendo en algunas de esas tormentas». Knutson  da un número para este fenómeno: se prevé que  el ritmo de la precipitación en los huracanes aumente en un 7 por ciento por cada grado centígrado que suba la temperatura de la superficie de los martes tropicales.

Expansión de sus dominios

Las regiones del mundo que no tienen huracanes podrían tenerlos. A medida que los océanos se vayan calentando, el territorio de las tormentas ciclónicas podría extenderse. «Si una tormenta sigue sobre agua caliente, podrá mantener una gran intensidad», dice Elsner. «Si esas aguas calientes se expanden, será posible encontrase con esas fuertes tormentas en lugares [nuevos]». Trenberth está de acuerdo: «hay que fijarse en Ofelia», que sorprendió a Irlanda y al Reino Unido en octubre.

Pese a que los científicos investigan esos factores potencialmente cambiantes, advierten de que muchos de ellos siguen siendo inciertos. Los huracanes presentan particulares dificultades porque son sucesos complejos y hasta cierto punto raros. «No solo hay una gran variabilidad, sino que el registro fiable es corto: [su seguimiento] por satélite empezó alrededor de 1970», como dice Trenberth. Además, muchas otras fuerzas, como la débil cizalladura del viento y la baja presión en la superficie del mar, afectan también a este tipo de tormenta.

Knutson no está tan seguro como otros de que sea ya posible ver en el registro el influjo del calentamiento global sobre cualquiera de esos factores (salvo por lo que se refiere a las mayores subidas del nivel del mar durante las tormentas como consecuencia de un mayor nivel de base). Es demasiado pronto «para decir que ya podemos detectar este cambio en los datos, que percibimos que se trata de algo claramente distinto de la variabilidad natural», sostiene Knutson. «Ello limita nuestra confianza en las predicciones de lo que ocurrirá en el futuro».

Pero Elsner defiende que la creciente intensidad de los huracanes se manifiesta ya en el registro de los huracanes. «En estos momentos se ve ya que los huracanes más fuertes son en todo el mundo cada vez más fuertes», le escribía en un mensaje de correo electrónico a Scientific American. Trenberth va más lejos: «el entorno en que todas esas tormentas se producen es más cálido y húmedo, y sabemos que eso tiene su efecto», señala. «Las pruebas apuntan a que el cambio climático está ya con nosotros».


http://www.investigacionyciencia.es/noticias/la-extrema-temporada-de-huracanes-de-2017-se-debi-al-cambio-climtico-15799

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