viernes, 2 de febrero de 2018

Así es el primer centro comercial del mundo reciclado


La localidad sueca de Eskiltuna, a 120 kilómetros de Estocolmo, acoge desde 2015 el único centro comercial del mundo en el que todo ha sido reciclado. La idea de ofrecer un conjunto de tiendas cuyos productos tuvieran una segunda vida surgió de la municipalidad en su objetivo por liderar una economía más verde. Desde entonces, ha creado 50 puestos de trabajo y unas 700 personas lo visitan a diario, según explica a ZEN, Anna Bergström, la directora del centro.La sostenibilidad se basa en tres 'Rs': reducir , reusar y reciclar. También resume la actividad de este mall oportunamente llamado Retuna. Emplazado junto a una planta de reciclaje, los consumidores pueden depositar allí aquello que no necesitan, como ropa, muebles o electrónica. Los trabajadores hacen una selección para distribuirlo entre las tiendas, y los empleados de cada una de éstas eligen aquello que pueden reparar o reconvertir para después ponerlo a la venta.Entre los comercios figuran una tienda de material de construcción, que pone a la venta restos útiles de demoliciones o restauraciones de edificios, como puertas, tablones, tuercas y clavos o baldosas. 

También hay un comercio de equipos reciclados para el ciclismo, ocio y jardín; otro de decoración y mobiliario, de ropa, de informática y electrodomésticos, así como para animales y plantas... Tampoco falta un café ecológico.En cualquier caso, el propósito de Retuna no es únicamente comercial, también aspira a ejercer de educador social en las prácticas sostenibles. Por ello se organizan puntualmente eventos, talleres y conferencias para concienciar a la sociedad en la necesidad de un estilo de vida respetuoso con el planeta. Entre sus objetivos está concienciar a los más pequeños. Por aquí no sólo pasan colegios sino que se organizan actividades para toda la familia. Así, en las salas de conferencias tienen lugar eventos como el de intercambio de juguetes. No se trata de hacer un mero trueque. Consiste en entregar juegos en buen estado a cambio de unos boletos para adquirir juguetes nuevos, aunque usados. Para sus organizadores, se trata de "una forma climáticamente inteligente de obtener nuevas cosas".

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