martes, 1 de mayo de 2018

El frío extremo de las últimas décadas está vinculado con el vórtice polar


La brusca bajada de las temperaturas que sufre estos días la Península Ibérica tiene su origen en el vórtice polar que está afectando a toda Europa. El vórtice polar es un ciclón persistente a gran escala situado cerca de las zonas polares terrestres, y se ubican en la media y alta troposfera y la estratosfera.

El problema es que la perturbación o rotura del vórtice es algo que está ocurriendo con mayor frecuencia durante los últimos treinta años.

Un reciente estudio señala que los vientos que habitualmente contienen al vórtice polar, se han debilitado lo que permite que el aire frío del vórtice descienda hacia el sur afectando a Europa, Rusia llegando incluso al Mediterráneo. Como es el caso del frío extremo de esta semana.

“En invierno, el aire ártico normalmente está ‘bloqueado’ por fuertes vientos circumpolares de varias decenas de kilómetros de altura en la atmósfera, conocidos como vórtices polares estratosféricos, de modo que el aire frío está confinado cerca del polo. Sin existe un cambio que ha debilitado esos vientos y permite que el aire gélido salga del Ártico y amenace con extremos fríos”, señala Marlene, investigadora del Instituto para la Investigación del Impacto Climático de Postdam, en Alemania.

Europa más fría, Ártico más caliente
En contra de lo que pueda parecer por el calentamiento global, los inviernos recientes tanto en el noreste de EE.UU, en Europa y especialmente en Rusia han sido especialmente fríos en las últimas décadas. Por contra, el Ártico ha aumentado notablemente su temperatura y, según los expertos, estas consecuencias aparentemente paradójicas tienen una marcada relación.

“Nuestros últimos hallazgos no solo confirman la relación entre un vórtice polar débil y el clima invernal severo, sino que también vincula este enfriamiento con el debilitamiento del vórtice”, destaca otro de los científicos participante de este estudio.

Los expertos explican que si el hielo marino al norte de Escandinavia y Rusia se derrite, el océano libera más calor a la atmósfera y esto puede afectar hasta unos 30 kilómetros de altura en la estratosfera perturbando el vórtice polar potenciando las heladas en latitudes medias.

“Las incertidumbres son bastante grandes, pero el calentamiento global ofrece un riesgo evidente dado su potencial para alterar los patrones que impulsan nuestro clima, incluidos los extremos potencialmente desastrosos “, alega Dim Coumou de la Universidad de Amsterdam en Holanda.

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